El Tiempo con l@s hij@s: Cantidad o Calidad?

Muchos especialista del área recomiendan dar a hijos e hijas tiempo de calidad, es decir, aunque trabajemos todo el día fuera de casa y estén al cuidado de otras personas, brindar un tiempo especial a los hij@s que puede ser 30 minutos o una hora dónde el padre y/o la madre estén enfocados en el o la niñ@ sin estar haciendo otra cosa: como revisando las redes sociales en el celular o el computador, o estar haciendo una actividad que les reste atención. Se recomienda  jugar con ell@s,  acompañar al niño o niña en lo que está haciendo, en lo que le gusta o que ell@s sugieran una actividad a realizar con el padre y/o la madre. Estas primeras recomendaciones incluso pueden ser difíciles de aplicar para padres y madres que están muy enfocad@s en sus trabajos, cuando además de trabajar estudian en horarios vespertinos, o cuando uno de los miembros de la pareja no está presente y no cumple su función, ya sea porque se desentiende de sus responsabilidades o por fallecimiento, sobrecargando las funciones parentales en una sola persona.

Si bien, lo anterior es una recomendación pertinente y es mucho mejor hacerlo así, que no darle atención y  ni tiempo especial cada día,  desde mi perspectiva y creo que otros profesionales de la crianza respetuosa y consiente compartirán, creo que dar un tiempo tan breve en comparación a las horas que tiene el día es insuficiente, niños y niñas necesitan presencia de mamá y presencia de papá, para un equilibrio en su desarrollo, muchas horas al día y mientras más pequeño el hijo o la hija más tiempo necesitan, así un bebe recién nacido necesita casi 24 horas al día a su mamá  y digo casi porque la madre necesita compartir  tiempo del cuidado del bebé con el padre u otro cuidador para dedicarse a su bienestar: nutrirse de energía, hacer una actividad gratificante y descansar (con eso se sentirá más plena para darle su nutrición y amor al bebé). En cambio un adolescente necesita mucho menos tiempo de atención especial que un bebé, algunas horas a la semana que pueden distribuirse en distintos días, lo que nos  significa abandonarl@s, sino que por la etapa del desarrollo él o la adolescente llena su espacio psíquico y emocional también con otras personas: los amigos y amigas, los polol@s, el grupo de estudio, las clases de música, etc, ya que al estar más cerca del mundo adulto tiene más actividades e intereses independientes  por lo que la necesidad de presencia y tiempo exclusivo disminuye, pero sigue siendo de vital importancia.

Si analizamos que al bebé, a nivel neurológico, vemos que su cerebro es inmaduro y necesita madurar fuera del útero materno por lo menos hasta que gatean y logran llegar al pecho de la madre, lo ocurre cerca de los nueve meses, luego hasta los dos años el cerebro del bebé está en formación, es altamente permeable y moldeable de ahí lo fundamental de que este moldeamiento lo brinden la madre y el padre y si no es posible que sean ellos, que lo haga una figura amorosa y familiar, en esta etapa es esencial el amor que reciben, ya que mientras más amor, más receptores neuronales de las sensaciones placenteras genera su cerebro, lo que lo predispone para una adultez más feliz y libre de trastornos emocionales, a diferencia de lo que ocurre con un bebé que no recibió suficiente amor y fue sometido a estrés.

Luego a medida que el o la  bebé va creciendo y descubriendo el mundo se va separando de apoco de la figura materna, que es su principal figura de referencia, e incorpora psiquicamente al padre,  luego incorpora a otras figuras significativas, pero siempre sus principales referentes serán l@s que tuvieron más presencia en su vida desde su nacimiento.

En la infancia, es fundamental que  madre y padre compartan bastante tiempo con sus hijos e hijas ya que son su modelo y referente, el niño y la niña van a ser moldeados a nivel emocional y conductual por la  o las personas que más tiempo pasan con él o ella, esto especialmente hasta el primer septenio, ya que todo lo que vive el niño y la niña hasta los siete años se graba profundamente en su campo energético y en el septenio posterior tiende a manifestar lo que aprendió en los siete años anteriores. Entonces es lógico pensar que no es tan recomendable que el niño se moldee según la estructura psíquica y emocional de otra persona ajena al núcleo familiar y que no comparta los valores, creencias y afectos del padre y la madre. En muchos, casos el rol de cuidadores lo cumplen el abuelo y/o la abuela y esto es positivo cuando hay una relación de respeto y armonía con el padre y la madre, sin caer en juegos de poder, ni faltas a la autoridad desde los abuel@s hacia el padre o  la madre.  Además, es importante que el ambiente en el que permanece el niño o niña sea amoroso, organizado y estable, lo más parecido a la calidez de su hogar.

Por lo anterior, me interesa destacar la importancia de que padres y madres participen activamente de la crianza y el aprendizaje de sus hijos e hijas, dónde puedan generar instancias para compartir y disfrutar juntos, y disminuyan los momentos estrés y de discusiones, ya que eso va a moldear sus experiencias a futuro. Enfatizar que el verdadero aprendizaje no solo está en manos de profesores y profesoras, y no significa solamente dedicarse a completar tareas y estudiar lo que envían en el colegio, ya que la mayor enseñanza que les damos es la actitud que tenemos como padres y madres hacia la vida, el respeto que mostramos por las demás personas y/o  la naturaleza, la capacidad de disfrutar y ser felices.  Niños, niñas y adolescentes aprenden de la conducta de sus padres y madres, de  cómo viven sus propias vidas,  no  aprenden de lo que les decimos sino de lo que elegimos mostrarles que significa la vida, a través  las acciones y de cómo guiamos y orientamos las acciones que ell@ mismos realizan.

Es por esto que la invitación a padres y madres es a replantearse la relación que quieren  construir con sus hijos e hijas, a replantearse las prioridades en la vida, ya que muchas veces se coloca el trabajo y otras obligaciones por sobre la relación con los hij@s, se prefiere ganar más dinero para comprarles más cosas, que muchas veces pretenden compensar la ausencia de papá y mamá y no se invierte tiempo en lo más significativo, que es la relación con ell@s, que son el futuro de la humanidad.