
Por qué sanar lo femenino?, significa que algo está enfermo o dañado en relación a la mujer?
Para hablar de sanación femenina se hace necesario, en primer lugar, responder a estas preguntas.
Considerando que la energía femenina ha sido aplastada por siglos de opresión patriarcal, vemos como lo femenino ha sido desvalorizado y pisoteado por lo masculino y eso no significa que los hombres tienen la responsabilidad y que podemos culparlos de que las cosas hayan ocurrido de esta manera, pues todas las situaciones que vivimos son una creación colectiva, donde todas las almas acordamos vivir en conjunto ciertos procesos. Somos las mujeres quienes hemos perpetuado en hijos, hermanos y parejas las tendencias machistas, muchas veces hemos sido nosotras las que hemos disminuido y dañado a otras mujeres (juzgando, criticando, hablando a espaldas de otras mujeres, etc), entonces no hay culpa o culpables, solo hay experiencias.
Varios estudios antropológicos como los de Casilda Rodrigañez y otr@s autoras y autores (Bachofen, Moia, Stone, entre otr@s) dan cuenta de que en tiempos antiguos, casi dos millones de años atrás, en Europa y en otras partes del plantea las sociedades eran Matrizticas o matrifocales, es decir se organizaban en torno a la figura de la madre, eran sociedades pacíficas, autorreguladas y sinérgicas, en ellas se practicaba el culto a lo femenino. Estas culturas ancestrales observaron la naturaleza y sus procesos descubriendo que el principio femenino era el principio generador de la vida, observaron que la madre tierra producía frutos y semillas para alimentarlos y que las hembras de las especies mamíferas gestaban y sostenían vida, entonces se respetaba y honraba lo femenino como sagrado. Estas sociedades eran pacíficas, igualitarias y cooperativas entre sus miembros.
Se cree que hace casi 4000 a 6000 años atrás, esta cultura fue atacada y destruida por invasores seminómadas que eran patrifocales (centrados en el padre) comenzaron a ejercer violencia y dominación buscando poder, absorbiendo a las culturas matrizticas, quienes no opusieron resistencia. Así se empezó a imponer el patriarcado autoritario reprimiendo la sexualidad natural (Wilhelm Reich), los hombres quisieron asegurar su descendencia tomando a las mujeres y la tierra como su posesión para así formar familias y estructuras de poder y jerarquías.
Esto se refleja en expresiones artísticas donde aparecen temas de violaciones y mitos de guerreros matando serpientes. La serpiente como símbolo de lo femenino se asocia con mal y se muestra en cuadros y esculturas pisoteada y vencida por héroes masculinos. La biblia ha contribuido también a esta desvalorización mencionando que la mujer fue creada de la costilla de Adán, que fue condenada a parir con dolor, que debía seguir a su marido y una serie de mandatos que le quitan su poder y la colocan en una posición inferior a la del hombre. Posteriormente con las religiones cristiana, hebrea y musulmana se instauró la ley del padre y se terminó el culto a la Gran Diosa Madre, que solo pudo permanecer encubierto gracias a la imagen virginal de María, pero reprimiendo y castigando cualquier manifestación femenina asociada a la libertad, la magia y la sexualidad natural.
Es por esta historia de siglos de desvalorización de lo femenino que todos los seres que elegimos encarnar como mujeres en estos tiempos llevamos la herida del patriarcado, llevamos la carga del inconsciente colectivo de lo femenino dañado, llevamos las historias de nuestras madres, abuelas, de las mujeres de nuestro linaje, llevamos el dolor y el miedo de las mujeres quemadas y perseguidas por ser brujas, chamanas, sanadoras, psíquicas. Llevamos a todas las mujeres dentro de nuestra psique…todas somos una.
¿Cómo podemos iniciar el camino de la sanación de lo femenino?, primero tomando consciencia que el mundo patriarcal no es la única realidad posible, que es lo que se nos ha mostrado, es con lo que crecimos, pero hay otros caminos, podemos elegir, podemos crear una nueva realidad en nuestras vidas. Podemos recuperar nuestro poder natural y que hemos cedido desde siglos pasados, podemos honrar y respetar nuestros sagrados cuerpos de mujeres, reconocer a la diosa que habita en cada una de nosotras.
El inicio de la sanación femenina comienza con cambiar la actitud hacia nosotras mismas, la forma de mirarnos y de mirar a las demás mujeres. El camino es respetarnos y ocupar el lugar que naturalmente nos pertenece en esta sociedad como complementos con el mismo valor y poder que lo masculino pero con diferentes cualidades y expresiones.
Tenemos un gran camino por delante, para despertar y contribuir a que otras mujeres también despierten, para que así en el algún momento de nuestra historia se equilibre el poder de la energía femenina y masculina en el planeta y en ese momento se generará un cambio de consciencia y de paradigma en el mundo. Viviremos en un mundo más pacifico, cooperador y armonioso donde las cualidades de lo femenino y lo masculino estén integradas en cada uno de los seres que habite la tierra.